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Passepartouts
Imaginación en cartón

El passepartout puede ser mucho más que un mero trámite. Una sabia combinación de colores, perfiles y cortes puede convertir estos cartones en un viaje fascinante desde el exterior de la obra hasta el corazón de la misma.
En una obra enmarcada sin cartones, la mirada del espectador vaga de un lado a otro de la pieza. Por el contrario, si se utiliza el passepartout, éste conduce la mirada del observador hacia el centro, hacia la pieza enmarcada, creando un ambiente de tranquilidad a su alrededor y subrayando los detalles. El passepartout, en definitiva, contribuye junto con el marco a realzar el contenido, el valor y la intencionalidad de la obra.
Pero eso no es todo. Otro aspecto fundamental es que, con la moldura elegida y el juego de los cartones, el profesional puede dejar volar su imaginación y reflejar su creatividad y su buen gusto, convirtiendo cada trabajo en algo único. Y demostrar al cliente final, una vez más, que el pequeño comercio y sus especialistas tienen mucho que decir.

Protagonista, el color

Al elegir el color de un passepartout único, es preferible decantarse por un tono que se encuentre en la obra, pero que no ocupe en ella gran extensión. Si se utiliza para el cartón el color dominante de la obra corremos el riesgo de ahogar y quitar protagonismo al objeto enmarcado.
Piense en estos principios ópticos: Si el color elegido para el passepartout es más claro que el que domina en la imagen, ésta quedará ópticamente en primer plano. Si se utiliza un tono más oscuro, que contraste, la sensación es de profundidad y tridimensionalidad.
Suele dar espectaculares resultados la utilización de colores complementarios: rojo con verde, azul con naranja, amarillo con violeta... Otra opción (menos arriesgada) es trabajar con tonos dentro de una misma gama.

Un color de passepartout más claro que la obra, sitúa ésta en primer plano. Un color más oscuro imprimirá, en cambio, profundidad.

El alma del cartón

El alma de color y el alma negra constituyen una buena ayuda porque provocan sorprendentes contrastes y un toque de profesionalidad ofreciendo, simultáneamente, innumerables posibilidades cromáticas.
El cartón de alma blanca es el que con más sencillez resalta un trabajo bien hecho ya que el bisel blanco destaca cualquier corte decorativo.

Dimensiones y cortes

Estudie en su taller la obra, probablemente ella misma le dirá qué dimensiones ha de tener su passepartout. En caso de duda, sea generoso, deje “respirar” la obra.
Analice la posibilidad de poner un segundo cartón. El remanso que se crea en torno a la obra es mayor, y las posibilidades de juego con color y cortes, muy interesantes.
Un detalle que muchas obras agradecen es el de hacer el margen inferior un poco más amplio que el resto.
En cuanto a los cortes, tenga en cuenta que permiten numerosos juegos: equilibrios, formas diversas e incluso la posibilidad de aportar un cierto relieve.

Muchas obras suelen agradecer, además de cartones amplios, un margen inferior de mayor tamaño.

 

 
 
     

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Dos ejemplos en los que se ha jugado con colores oscuros para aportar tridimensionalidad a la pieza enmarcada.
Esta sensación de profundidad se incrementa mediante la utilización de un doble passepartout.

El juego de las formas se remarca aquí con un alma de color.

Este trabajo es destacado de forma convincente con el bisel limpio del cartón de alma blanca

 

 
 
 
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