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El color del cristal con que se mira
Desde siempre, enmarcar con cristal ha sido igual a esconder una pieza en un mundo de reflejos. Ahora, la solución que han hecho suya los mejores museos del mundo está al alcance del consumo privado.
Cuando un espectador se encuentra ante una pieza enmarcada con cristal, lo más fácil es que, en lugar de una obra de arte, vea su propio reflejo. Contra esta molesta ley física (la reflexión de la luz) se ha intentado luchar por varios caminos y la solución más extendida era la utilización de cristal mate. Ahora bien, la forma mediante la cual los cristales mates evitan reflejos es el tratamiento de su superficie con ácidos. Ello evita el deslumbramiento, pero añade irregularidades a la superficie, con lo que se impide al observador apreciar el contorno, el contraste y los colores del objeto que se encuentra detrás. Prueba de ello es que, cuanto más nos alejamos del cuadro, más borrosa resulta la imagen.
La solución definitiva llega con el cristal Clear Colour. Lo novedoso de este producto es, primero, que tiene una superficie completamente lisa, con lo cual la luminosidad es máxima (del 98% frente al 91 del cristal mate). Y además, que dentro del mismo, se han añadido distintas capas que generan interferencias para que el índice de reflexión de la luz sea el mínimo (un 1% frente al 8% del cristal mate). Resultado: un cristal cuya presencia no se advierte.
Para dotar de total seguridad a la pieza enmarcada, el tratamiento es químicamente neutro y similar en ambos lados, por lo que se puede usar indistintamente por ambas caras. Y, una última ventaja es que para su
limpieza puede emplearse cualquier producto de uso doméstico.
Lo más importante que podemos decir de este producto es que funciona y la mejor prueba de ello es que museos de todo el mundo han optado por él. De hecho el Metropolitan Museum en Estados Unidos protege con él los grandes óleos de su colección. Sin brillos entre los grandes maestros y los espectadores.
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