|
Una nueva primavera para el gran marco
Tras largas décadas relegado,
el marco vive un curioso relanzamiento ya que sus funciones
ornamentales y estéticas están siendo recuperadas
por el arte y por los museos, por la conservación
y por la decoración de interiores.

El
gran marco, presente desde siempre en los museos tradicionales,
vuelve con fuerza reivindicando su larga historia y su interrelación
con el arte y la decoración
Entre los siglos XVI y XIX el marco vivió un largo
periodo de esplendor dentro de la historia del arte. Su
importancia, sin embargo, comenzó a declinar cuando
las vanguardias históricas de entreguerras pusieron
en entredicho su valor y su función estética.
Pero fueron los movimientos pictóricos posteriores
a la Segunda Guerra Mundial los que quisieron reducir la
importancia de este elemento hasta casi hacerlo desparecer
pues, en el mejor de los casos, fue considerado como un
mal necesario, el aditamento que permitía
colgar una pieza y que, en consecuencia, debía de
ser prácticamente invisible. Listones mínimos,
ausencia de decoraciones y preeminencia de blanco, negro
o madera sin decorar han sido, durante largas décadas,
la realidad vivida dentro del mundo del arte. Basta para
ello visitar muchos de los actuales museos de Arte Contemporáneo
donde lo más habitual es ver obras rodeadas con este
tipo de enmarcación invisible en un intento
de que el marco no distraiga, no altere la visión
del cuadro y no compita con él por la atención
del espectador. En este sentido, Javier de Blas, jefe del
departamento de colecciones del Museo Reina Sofía
comenta lo siguiente: El marco puede distraer la mirada,
por eso se elimina; por eso y por un afán de respetar
la libertad del artista, que no quiere estar constreñido
en los límites del marco. También Miriam
Basilio, conservadora del MOMA (Museo de Arte Contemporáneo
de Nueva York) y profesora del programa de museología
de la Universidad de Nueva York, insiste en que la estrategia
compartida por los grandes museos contemporáneos
es la de conservar un marco original elegido o creado
por un artista.
Pero los artistas no siempre han descartado el uso de los
marcos. Por eso, esta filosofía de los museos y su
empeño en respetar las propuestas de los artistas
se ha convertido en uno de los mecanismos de revalorización
del marco en la actualidad. Así, pintores tan radicales
estéticamente y tan cotizados como Vincent van Gogh,
Pissarro y Gauguin, que no sentían un cuadro suyo
acabado hasta no verlo enmarcado, son expuestos con sus
marcos originales: casi siempre dorados, voluminosos y muy
decorados; marcos que hasta hace muy poco eran escasamente
valorados y a los que hoy se vuelve a mirar con gusto. A
ello hay que sumar la revalorización a todos los
niveles (económico, estético, histórico)
de la pintura academicista del xix y, una vez más,
con ese fenómeno, el gran marco gana enteros.
Lo curioso es que en esta misma tendencia confluyen, junto
a los conservadores de museos, los historiadores y los coleccionistas.
Los primeros porque ahora atienden también con especial
interés las circunstancias que rodean el mundo del
arte, profundizando en el conocimiento del marco, y los
coleccionistas porque han advertido hasta qué punto
la pintura de época necesita un marco que sea contemporáneo
de la obra y que tiene múltiples funciones: la primera,
proteger la pieza, pero también hacer que dialogue
con ella, la realce y la convierta en algo único.
El aumento de los precios de los marcos antiguos en el mercado
de los anticuarios es solo un síntoma de lo que estamos
diciendo y, de hecho, cada vez es más necesario recurrir
a buenas copias.
Finalmente hemos de incluir en ese punto a los decoradores,
que se han lanzado al mestizaje total, combinando para ello
aires de distintos lugares y materiales de distintos tiempos
y que utilizan cada vez más los grandes marcos de
estilo. En unos casos para resaltar magníficamente
una obra, en otros, para convertir al propio marco en protagonista
poniendo un espejo en su interior. En unas ocasiones, buscan
entre los anticuarios grandes piezas de colección
y, en otros casos, consiguen auténticas maravillas
con las nuevas ediciones, con los grandes clásicos
que en la actualidad son puestos al día para recuperar,
con ellos, el gusto por el marco.
|