|
Oscar Borrás:
El mundo a través del marco
Los mundos pintados por Oscar Borrás son paraísos, universos idílicos, utopías de colores. Y, para entrar en cada país de las maravillas, sólo hay que asomarse a una ventana, la del marco.

Este personalísimo artista, exponente máximo en nuestro país de la pintura ‘naïf’, es autor de una obra, más que ingénua, optimista. La suya es una pintura llena de color, de vida, de minuciosidad. Pero además de ser extenso en los detalles de sus obras, Oscar Borrás es tremendamente prolífico y cuelga varias exposiciones anualmente, lo que le obliga a pensar con frecuencia en el toque final de su obra, en el marco. Es curioso -comenta- pero mientras estás estudiando, nadie se ocupa de hablarte de los marcos de modo que, cuando te plantas ante tu primera exposición, surgen las dudas en torno a las molduras. En un principio, desde luego, te conformas con algo muy sencillo (y barato), aunque sólo sea un punto del cual colgar el cuadro. Pero cuando pasa el tiempo, un artista quiere que sus cuadros queden realmente terminados así que tiene que pensar muy bién qué es lo que quiere para su obra y qué es lo que cada una de sus obras le está pidiendo. Es más, en mi caso, como soy pintor de exposiciones, necesito que todos los cuadros que se van a ver juntos tengan una unidad también en el marco.
La larga experiencia ha dado muchas respuestas a Oscar Borrás. Para mí -dice- el marco es la ventana a través de la cual se ve mi obra, es un espacio que abriga la pintura, un entorno que la acompaña pero que nunca le ha de restar importancia. De ahí que busque siempre colores que no se encuentren dentro del cuadro, tonos neutros, modelos y decoraciones de marco muy clásicos. Viendo su obra tremendamente colorista, es evidente que no es fácil elegir color, así que este artista
Opta últimamente por el clasicismo del oro, aunque en su caso, ‘decapé’, para eliminar la excesiva seriedad que daría un bruñido a sus pinturas. Al mismo tiempo, suele decantarse por tamaños de moldura realmente generosos (para crear ese ambiente de transición, comenta), y por decoraciones en la moldura muy clásicas. Hubo un tiempo -confiesa- en que me dejé arrastrar por las modas; eran los setenta y tantos y los ochenta, y todo lo enmarcaba en negro. Hoy prefiero estas otras molduras porque le van mejor a mi obra y porque sé que cuando me compran un cuadro, éste se va a convertir en una herencia.
|